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Mario Islasáinz en La poesía no se vende

Consecuencias de una prosa 
por Mario Islasáinz 

Cuando somos un instrumento peligroso
no parpadea la locura.
 Juan Bañuelos 

“Prosa Prefacio” 

No es fácil desnudarse el alma desbordada de ganancias espirituales, después de vaciar el cerebro ante bulliciosos públicos deseosos de más y luego, tras los aplausos que llegan sólo a nutrir el espíritu por breves instantes, dar el primer paso hacia la casa en donde el hacedor convive con quienes ha elegido vivir, y ¡sorpresa!, en los bolsillos de los pantalones no habita una sola moneda con qué comprar alimentos, toallas para secarse el sudor de los cuerpos y mantener al amor en un sitio digno y no ahí, en donde de las paredes cuelgan ostentosos títulos ganados a fuerza de casi una treintena de años, sin contar lo que por necesidad, hay que tragarse de letras para estar al día en este mundo ingrato de tan bello, en donde lo romántico, no resuelve el mínimo pedido de la mujer amada y perdida. De ahí la inconformidad, el gozo de entregarse ante lo que no se está de acuerdo; aunque esto, tal vez, tampoco resuelva nada, de no ser, lanzarse a gritos desde el más difícil de los despeñaderos: batalla diaria contra el opio centenario del pueblo. Como se está imposibilitado a tales acrobacias, al igual que si existiese el hubiera, entonces, no resta más huir sin irse, porque hay que quedarse irremediablemente; mucho menos, dejar de hablar, aunque sea hambriento e inundado de reproches. Charlemos pues, con la mente, recreándonos con lo que no he logrado acallar y sobre todo, sabedor de innumerables miserables que inician misas sin aplauso alguno, pero terminan con los bolsillos repletos de un dinero impregnado de mentiras. Por ello: hágase lector tu voluntad en esta tierra, que no en el cielo.



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