Leticia Puente Beresford
Nueva York.- Enero 31, 2012.- El pasado 23 de este nuevo año, llamó poderosamente mi atención el escrito de Luaren Collins en The Newyorker titulado ‘Know your Thatcher’.
Y vaya que me atrapó, al grado de llevarme ante la pantalla grande para observar por mí misma y no asumir la crítica que feministas británicas hicieron de la cinta “The Iron Lady”.
Sí, me refiero, por supuesto a Margaret Thatcher, quien hace 21 años revolucionó todo al ser nombrada primera ministra de Gran Bretaña, en un día histórico para ese país. El día de su nombramiento para mí fue un día más de trabajo periodístico, pero muy significativo en mi vida personal.
Ella, “La Thatcher”, llamada así, a la mexicana, o como la rebautizaran “La dama de hierro”, declaró la guerra contra Argentina, por la disputa de la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Quién no la recuerda, sobre todo hoy, cuando la disputa por el archipiélago es nuevamente tema álgido y controversial, solo que ahora es Argentina quien tiene como presidenta a una mujer.
La señora Margaret Thatcher fue y sigue siendo casi un legado histórico, por su forma de gobernar, por su firme principio femenino en la política internacional.
Y ahora su vida llevada a la pantalla, en ficción, sigue dejando comentarios y dinero: tan solo en su tierra, en la primera semana de proyección ha dejado tres millones de dólares de ganancia.
Actualmente la ex Primera Ministra de la Gran Bretaña tiene 86 años y su historial médico acusa un padecimiento clínico de demencia, ya que –como revela la película, le da por hablar con su esposo Denis.
En sentido crítico, abierto, sin anonimatos, creo que se trata de “un peliculón”, dirigido por Phyllida Lloyd, con el que me siento identificada ya que es la historia de una “mujer revolucionaria” y porque ella, al igual que yo, vivió un verdadero proceso interno y externo de revolución.
La actuación de la actriz es ¡fenomenal! Y coincido con la columnista de Guardian, Polly Toynbee: “el filme es hermoso, hermosamente actuado y pierde completamente el sentido (el punto)”.
Es evidente que tienen que ver el filme, lo tienen que ver, sobre todo quienes ejercemos nuestro derecho a elegir los mejores hombres y mujeres para nuestros gobiernos. Porque lo cierto es que una trayectoria política de una mujer como “la senora Thatcher”, no puede quedar tan solo en el bendito quehacer domestico: ¿Quién lava la loza?, ¿Quién cuida a los niños? O cambiar la voz y dejar a un lado el hermoso sombrero.
El proceso ideológico femenino va más allá del filme en cuestión, donde se la ve despedirse de su casa, marcada con el número 10, llena con pétalos de rosas rojas. Y va más allá del notorio énfasis que se ha hecho sobre el ejercicio pleno y fuerte de su poder.
Pero entre la verdad y la ficción siempre hay un dilema y la realidad es más simple cuando de economía se trata. Y en eso Thatcher incidió, porque cambió no solo la cultura británica, sino la del mundo.
Por eso, en casa, quien lava los trastes, la loza, no siempre soy yo, ya que eso no es el verdadero problema ideológico. Lo ideológico es más profundo, más allá del tono de voz empleado, del sombrero que uses, de las perlas, de la crianza, de las uniones o de la alternancia.
Lo ideológico de la mujer revolucionaria tiene que ver más con la unidad, con una visión humana, más allá de si Margaret padece demencia y habla al parecer con su difunto esposo, como si yo u otras no habláramos con nuestros muertos.
Y lo que queda fuera de toda ficción en ella es el tema económico, por eso se la ve en “The Iron Lady”, yendo a comprar leche y quejarse de que está muy cara, como tantas hacemos hoy, sin ficción, en todo el mundo, incluso en esta nación que es la otrora llamada Nueva Inglaterra.
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'Las que se van'
Mujeres en búsqueda del tiempo perdido y su inclusión en la historia.
Leticia Puente Beresford
Independent Journalist
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'Las que se van'
Mujeres en búsqueda del tiempo perdido y su inclusión en la historia.
Leticia Puente Beresford
Independent Journalist

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